Estados Unidos : Desafíos de la nueva administración en política exterior

October 23, 2016

 

 

 

 

 

 

 

 

Intranquila yace la cabeza que lleva una corona, escribía Shakespeare en su obra sobre Enrique IV de Inglaterra. Es una reflexión profunda sobre la gran responsabilidad que conlleva ostentar poder.  Enrique IV la enuncia, mientras éste se lamenta de haber asesinado a Ricardo II, ocupar el trono y tener que afrontar las responsabilidades que conlleva ser rey.

 

La Revolución Gloriosa puso fin al absolutismo en Inglaterra en 1688, lo que rebajó el poder del monarca en favor del Parlamento. Aún así, intranquilas deben yacer las cabezas de nuestros gobernantes, porque cuando tienes el poder, tanto tus acciones como tus inacciones tienen consecuencias.

 

Identifico cuatro órdenes mundiales principales en la historia reciente: el europeo, el islámico, el chino y el nortemericano. Todos ellos han defendido su propio orden como el legítimo. Me he centrado en el estadounidense por que ha sido la potencia decisiva del siglo XX y, por tanto, de cuyas acciones emanan más consecuencias.

 

Hoy, el hombre más poderoso del mundo se sienta en el despacho Oval de la Casa Blanca. El día de las elecciones en Estados Unidos se acerca y el cambio de mando es inminente. Para entender los retos que se manifiestan ante la nueva administración, es importante entender primero a EEUU como actor internacional.

 

Casi un siglo después de la Revolución Gloriosa en Inglaterra, en Washington, el cuatro de Julio de 1776, Thomas Jefferson se dirige al Congreso con las siguientes palabras que quedarían inmortalizadas:

 

Sostenemos como evidentes por sí mismas dichas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados; que cuando quiera que una forma de gobierno se vuelva destructora de estos principios,el pueblo tiene derecho a reformarla o abolirla, e instituir un nuevo gobierno que base sus cimientos en dichos principios, y que organice sus poderes en forma tal que a ellos les parezca más probable que genere su seguridad y felicidad.

 

Todos los presidentes que le sucederían estarían de acuerdo en que ésta, es la correcta forma de gobernar y de que sería deseable que lo hicieran así el resto de gobernantes del mundo. Theodore Roosevelt, sería el primero en presidir Estados Unidos como gran potencia y comenzaría a flexar sus músculos. Recomiendo su biografía ("The Rise of Theodore Roosevelt" de Edmund Morris). Taft y después Wilson, seguirían su legado de lucha contra los grandes monopolios y la corrupción de la que sufrían las instituciones políticas, lo que potenció su economía y disminuyó las desigualdades en la sociedad norteamericana, mientras que los europeos nos hundíamos en la Primera Guerra Mundial.

 

Si adelantamos las agujas del reloj y nos colocamos en el final de la Segunda Guerra Mundial, observamos que EEUU produce alrededor del 60% del PIB Mundial. Lo que le permite asumir el liderazgo y trata de imponer sus visiones de una sociedad perfecta al mundo: la libertad y la democracia. Pero como los estadounidenses descubrirían con el tiempo, la distancia entre el mundo que queremos y la realidad en la que nos encontramos, impone la reflexión de que la política exterior no es un cuento con un principio y un final, sino un proceso que conlleva manejar los retos que aparecen de manera continua. 

 

Desde el final de la SGM hasta hoy, Estados Unidos ha entrado en cinco guerras (públicas) con objetivos idealistas y con una enorme mayoría de su población a favor. En todas estas guerras la opinión pública ha acabado girando en su contra. En tres de ellas, el propio gobierno ha negociado una retirada. Ello enseña que las aspiraciones morales tienen que estar combinadas con un elemento de política estratégica. 

 

No son las únicas guerras en las que ha participado Estados Unidos, pues en la guerra fría, se participó en varios conflictos de manera clandestina, pero el interés de mi artículo se centra en las públicas, porque lo que pretendo estudiar son sus influencias en sus relaciones entre gobernantes y gobernados.

 

Los éxitos iniciales de EEUU en la invasión de Afganistán y después de Irak, fueron rápidamente deslegitimados por la dificultad de instaurar la democracia y el respeto a los derechos humanos que proclamaba Estados Unidos. El largo desgaste que iba provocando estas guerras tanto económico como psicológico, provocaron un antagonismo de la opinión pública norteamericana y europea, similar al que surgió durante la guerra de Vietnam. Resultó que la construcción de un país occidentalizado, sin ningún tipo de anclaje en la historia y la geopolítica de estos Estados, provocó el renacimiento de conflictos históricos internos entre distintas etnias y tipos de Islam.

 

El gran desafío de las guerras asimétricas, no es la victoria militar (ya se sabe quién va a vencer, el concepto "asimétrico" se basa en la abismal diferencia en poderío militar), es el desgaste que provoca en las opiniones públicas, de las potencias con el mayor peso militar. Porque en el momento que una guerra se convierte en guerrilla, resulta imposible asegurar el 100% de la seguridad de la población.

 

La candidata a la presidencia, Hilary Clinton, ha estado directamente relacionada con muchos de estos temas habiendo sido secretaria de Estado, ha estado involucrada en dos situaciones de manera desastrosa:

 

Libia: La intervención de la OTAN para derrocar a Gadafi ha convertido a Libia en un Estado fallido dominado por señores de la guerra. No defiendo el régimen de Gadafi, pero sólo un cínico consideraría que la situación actual es más prospera.

 

Egipto: el apoyo norteamericano a la destitución de Mubarak, en nombre de una democracia,  que sería usada por los Hermanos Musulmanes para acceder al poder e imponer su visión de orden político, impulsó a Washington a volver a ponerse del lado de los militares y apoyar el régimen militar de Al-Sisi. Es decir, que la decisión militar de acabar con el gobierno egipcio establecido democráticamente, acabó siendo bien recibida en Washington, que inicialmente había apoyado a los manifestantes.

 

En resumen, se derroca a un dictador, para probar con una democracia cuyo resultado no gustaba en Washington y se vuelve a apoyar a los militares. Si bien hay que decir que Morsi, el presidente democráticamente elegido,  estaba tratando de ampliar sus poderes de supervisión y de otorgarse inmunidad legal, lo que provocó grandes protestas y como respuesta, se vuelve a apoyar a un dictador, siendo este más sangriento que su predecesor.  Ello se debe a la falta de previsión estratégica por parte de Washington,  ya que los Hermanos Musulmanes, tras décadas de represión, contaban con gran apoyo popular.

 

¿Tiene Estados Unidos que apoyar a todos los levantamientos populares contra gobiernos no democráticos, incluyendo gobiernos aliados? Es un dilema moral/estratégico, que cada administración se deberá plantear con cautela.

 

Francamente creo que ninguno de los dos candidatos a la Casa Blanca están a la altura de los retos a los que se enfrentan. Varias de las propuestas de Trump buscan el aplauso fácil de su entourage y serían nefastas si se aplicasen. En pleno debate, Trump negaba haber apoyado la guerra de Irak, lo cual era mentira. Una respuesta más afilada debería haber sido: "sí apoyé la guerra, señora Clinton, pero Usted era Senadora y tenía acceso a información confidencial de la que no teníamos los ciudadanos". 

 

Pienso que es de obligada lectura las opiniones de Trump y Clinton en política exterior. Aquí tenéis un resumen ilustrativo (merece la pena)

http://www.cfr.org/campaign2016/

 

Varios dilemas deberían hacer que yaciera intranquila la cabeza del siguiente presidente:

 

China : es el reto internacional más importante de la nueva administración. El ascenso de China como gran potencia en el siglo veintiuno, no es nuevo, si no que restablece patrones históricos. Siendo China la potencia más importante durante milenios hasta el siglo XV, "lo novedoso es que China ha vuelto por un lado, como la heredera de una civilización antigua y, por otro lado, como una potencia westfaliana contemporánea. Combina tanto el legado de "todo bajo el cielo", modernización tecnocrática, y un siglo XX especialmente turbulento en su búsqueda de unir ambos conceptos." Dicho por el hombre encargado de abrir las relaciones entre la norteamérica de Nixon y la China de Mao: H. Kissinger.

 

China, por tanto, se encuentra con unas instituciones internacionales que no ha creado y de cuya influencia no se puede escapar, por lo que esta tratando de crear sus propias instituciones internacionales. Además, se esta manifestando de una manera cada vez más asertiva con una afilada aplicación de geoeconomía, definible como "el uso de instrumentos económicos para promocionar y defender el interés estatal, y producir resultados geopolíticos beneficiosos; así como los efectos de las acciones económicas de otros Estados en persecucción de objetivos geopolíticos." (Robert D. Blackwill, Jennifer M. Harris). Por ejemplo: China extiende más prestamos a los Estados latinoamericanos que el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial combinados; ha creado el Banco Asiático de Desarrollo en oposición al Banco Mundial; en su asistencia a los Estados Africanos, premia a los que votan con ella en Naciones Unidas y planea hacer un préstamo de más de 10 billones a Venezuela que sigue siendo el Estado más anti norteamericano del continente.

 

Si Washington mantiene una actitud demasiado beligerante, podría disparase una guerra de proporciones intolerables, mientras que si se es demasiado laxo, China aprovechará la situación para seguir construyendo islas y haciéndose con los territorios próximos, amenazando a Filipinas, Japón, Korea del Sur, Vietnam y Laos.

 

Siria: Es otro tema de interés central ya que, la respuesta que se le otorgue al conflicto dictará como los candidatos ven, no sólo la situación de Oriente Medio, sino el rol de Estados Unidos en la región. Nos encontramos con una situación enquistada en la que el propio Consejo de Seguridad se haya paralizado. Rusia y China apoyan el régimen Sirio, mientras que los demás miembros del Consejo desean su derrocamiento. Por otro lado Irán apoya al régimen, mientras que Arabia Saudita apoya a los rebeldes.

 

Rusia: Putín preside una Rusia con grandes ambiciones revanchistas, tratando de despistar las pésimas condiciones económicas por las que atraviesa su población, usando la clásica estrategía de insuflar nacionalismo. Interviene en Siria para defender sus intereses de Oriente Medio e invade Ucrania para hacerse con el control de Crimea. Además, Putín esta haciendo uso continuo de la geoconomía: corta los suministros de energía a Ucrania en invierno para tratar de influir sobre Kiev, propone contratos lucrativos a ex líderes europeos, ofrece ayuda financiera a Grecia mientras que los líderes de la Unión tratan de organizar el rescate, soborna a los Estados más débiles de la Unión esperando que abandonen el conjunto de Estados que imponen sanciones contra Rusia etc.

 

Irán : Se ha convertido en un tema debatido entre los candidatos. Clinton desea mantener las condiciones de Obama mientras que Trump quiere renegociar. Irán conseguirá cambiar radicalmente el equilibrio de poder en Oriente Medio si se hace con armas nucleares, que  es exactamente lo que el tratado nuclear trata de evitar/retrasar. Hace más de un año que se llegó al acuerdo histórico y parece esta funcionando. El tratado ha conseguido que por un lado no se bombardee las instalaciones Iraníes y por otro lado, que Irán no bombardee a ningún aliado norteamericano (sobre todo Arabia Saudita o Israel). Sin embargo, el objetivo real que debería ser la normalización de las relaciones no se ha conseguido y la puerta esta abierta para que un Congreso norteamerciano de línea dura, sabotee el acuerdo o que lo hagan los más extremistas en Irán. Los  Estados vecinos de Irán observan intranquilos el apoyo contínuo a Hamás y Hezbollah, añadiendo ahora a los rebeldes hutíes de Yemen bajo su causa y patrocinando su enfrentamiento con Riad.

 

Los expertos en relaciones internacionales suelen referirse a dos elementos característicos en la política americana: el idealismo y el realismo. El idealismo considera que en política hay que regirse por principios con legitimación ética, mientras que el realismo enseña que las acciones dependerán de las circunstancias de las que se dispongan y se tratará de manipularlas para aumentar el Poder de un Estado frente a otro. Por lo que tradicionalmente se entiende que los idealistas heredaron la opinión filosófica de que la diplomacia tiene que ser abierta, pública y de desarme. Mientras que los realistas heredaron la máxima de que los hombres somos egoístas por naturaleza. Tucídides, Maquiavelo y Hobbes estarían en esta línea. Dicha distinción me parece simplista y antes de las navidades pretendo hacer una reflexión en cuanto a lo que significa ser realista.

 

Independientemente de todo ello, Estados Unidos tendrá que actuar con ambos modelos si desea una política exterior exitosa, ya que las personas son incapaces de inspirarse en cálculos fríos sobre el equilibrio de poder, amenazas e intereses; pero éstos cálculos son necesarios si queremos un mundo mejor. La libertad y la democracia deberían ser fines en sí mismos y ojalá algún día, toda la humanidad pueda disfrutarlos, pero ese día esta lejos. Hasta entonces, que yazcan intranquilas las cabezas de nuestros gobernantes, por que el camino no va a ser fácil.

 

Will Watson

 

 

 

 

 

 

Please reload