• Will Ogilvie

Adiós a Calipso


Adiós a Calipso

Samuel Palmer (1805-1881).


La mitología griega está repleta de seres humanos que quieren ser inmortales. En esta línea, la diosa de hermosas trenzas (Calipso) le promete la inmortalidad a Odiseo si él se queda con ella. Su capacidad y belleza no pueden compararse con Penélope, la mujer mortal de Odiseo. Solo un loco le diría que no a la diosa.


Encontramos a nuestro protagonista llorando en la isla deseando volver a casa. Para el final de la obra, el héroe habrá estado veinte años sin ver su hogar. Con Calipso, Odiseo no es Odiseo, está deprimido y es pasivo. El favorito de Atenea por su intelecto, al contrario de lo que todos querrían, elige la mortalidad aceptando su humanidad con la vejez, la enfermedad y la muerte. Entiende que su persona no puede ser comprendida sin su mujer, hijo e Ítaca.


No podemos entender quienes somos sin nuestros amigos de toda la vida y nuestra familia. Si no podemos entender de dónde venimos, tampoco podremos saber a dónde vamos. Esa es la importancia de Ítaca, es el ancla de su humanidad. Odiseo, tras siete años con Calipso, pone rumbo a su hogar, un tesoro que no se puede comparar ni con la inmortalidad.


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